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jueves, 27 de octubre de 2011

VIVA LA RISA DE "TENGO GANAS DE MORIRME PARA VER QUÉ CARA PONGO"



Llevo un tiempo pensando cómo hablar del primer libro que ha conseguido publicar Miguel Albandoz.

Estamos ante una obra de humor cien por cien, con personajes, trama, desarrollo y conclusión. Un escrito que puede presumir de un título genial e inquietante al mismo tiempo: "Tengo ganas de morirme para ver qué cara pongo".
 
Portada del libro "Tengo ganas..."
Lo que más me ha agradado de su lectura es que no hay ni un monólogo (salvo las líneas dedicadas a los pensamientos de los personajes).

¡Bien!, un libro que supera el humor monologuizado es un hallazgo que no tiene precio.

Un libro que no tiene ni una palabra fuera de tono es otro eureka a tener en cuenta.

Me ha impresionado en su lectura, para ser una primera obra, ese enganche con el lector que da lugar a querer saber cómo sigue la trama y cómo la va a resolver. Una liaision que surge desde el primer capítulo hasta el último.

Además estamos ante una novela que termina bien. No, no me malentiendan, no hay "y comieron perdices", sino que los personajes quedan situados con la acción finiquitada.

Los hombres y mujeres que descubrimos en "Tengo ganas..." pueden seguir con sus vidas y embarcarse en otras historias tras la palabra fin, pero las acciones que leemos aquí  se cierran sin falsedades ni extraños retruécanos de ¡ah! Es más bien ¡vaya, jajaja! la expresión de cierre de este libro.

La carcajada, la gracia y la sonrisa están dispersas por todas las páginas creadas por Miguel Albandoz. En unos capítulos más que en otros, que también hay desgracias, como en la vida misma. 

El cómputo final de la lectura de "Tengo ganas de morirme para ver qué cara pongo" da positivo en un buen rato, un ratito corto pero bien aprovechado en su lectura.

Tenemos personajes de toda especie y condición, mujeres severas, de vida alegre, de vida triste y con buena vida; hombres desencantados, sin consciencia de su poca vida, acaparadores y listos en potencia dipuestos al pelotazo más ingenioso, muy pícaros y comedores... en definitiva, personajes vivos, que tienen pocas ganas de morirse y muchas de vivirla bien y sin complicaciones...casi todos.

De todos los personajes, no sé por qué, me quedo con uno que se define, entre otras cosas, como "un negro recipiente lleno hasta el tope de odio visceral hacia Facundo Palomero". Es Doña Justa, una mujer que todos hemos conocido una o varias veces a lo largo de nuestra vida. Esas mujeres condenadas al negro atuendo y a la negra expresión, de las que sabemos qué cara tendrán cuando ocupen su ataúd, pero que nos han querido amargar tantas veces que, en el fondo, por lo menos en el mío, las tengo cierto aprecio.

En este libro de humor original, divertido, socarrón y dulce, Doña Justa es tan injusta que hasta su penitencia final nos parece ajustada a su eterna faz.

El autor, Miguel Albandoz, con Cádiz, al fondo
Con un grupo de personajes posibles, reales, pero totalmente inventados que cuando toman la palabra parece que los estés escuchando a tu lado.

Un trabajo que, se ve, le ha tomado horas y horas, días incluso, hasta encontrar  el matiz correcto para seguir avanzando en el desarrollo de la historia y de los personajes que la viven.


Por todo lo anterior, porque una ha leído mucho y porque espera seguir haciéndolo, quiero recomendar la lectura de "Tengo ganas de morirme para ver qué cara pongo".


Les aseguro que no les llevará días, ni semanas...


Una tarde de este otoño será perfecta para desencajar la mandíbula y encontrar diversión en su lectura.
Una obra que, a veces, parece disparatada (¿una asociación de ayuda a las lumis llamada Apochical, y con sede en la ciudad de Burgos, España?), pero que, estoy segura, cuando lleguen al final la habrán contemplado con absoluto asentimiento y muchas risas.

No hay Guerra Civil, no hay crisis, ni económica ni de valores ni de ninguna especie, y tampoco hay sexo (bueno algún asomo), droga (a no ser que se considere como tal el vino tinto) y rock and roll (aunque puede ser la música que acompañe su lectura).

Pero sí hay fútbol (de hecho se inicia con un partido), pelotazos con las subvenciones públicas, comilonas, muy pocas muertes, sólo las justas y necesarias, y mucha, pero mucha amistad. 



Nota: Todas las imágenes son originales y pertenecen a la autora del blog