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domingo, 19 de febrero de 2012

PONGA EL ROJO EN SU VIDA


Cuando se tiende a ser minimalista hay una complacencia ante los espacios blancos y negros. 

Existe una seguridad cuando los muebles panelan espacios.

Se buscan lugares recogidos por donde poder transitar sin temor a llevarse una figurita de porcelana por delante.

Salvo en las cocinas, donde el propio nombre lo indica, hay que cocinar, y donde es necesario tener los cacharros a la vista y a mano.

El resto del hábitat doméstico suele ser ordenado, ascético y hasta impoluto.

Vestirse de negro.

Aparatos tecnológicos  negros.

Sábanas o fundas nórdicas claras, sin estampados.

Platos y manteles de loza blanca, sin dibujitos que se confundan con el colorido de las comidas.

El concepto de minimalismo aplicado a la crisis como algo simple y elemental es básico para entender el parón de consumo que sufre nuestra sociedad.

Nos estamos moviendo entre el blanco y el negro sin que el gris sea una opción.

Sarkozy, Zapatero y Merkel. La Vanguardia.
Vivimos en la nube del cambio social dirigido por no sabemos quién, qué o para qué.

Nicholas Sarkozy habló de "refundar el capitalismo", nuestro expresidente José Luis Rodríguez Zapatero se extasiaba con los "brotes verdes" y a la canciller alemana Angela Merkel sólo le interesa que nos apretemos el cinturón y que ahorremos y seamos muy pero que muy sobrios y frugales.

¿No es cierto que nuestro mundo ascético es imposible cuando se trata de mantener nuestro mayor círculo cromático de selección?

¿Vamos a renunciar tan fácilmente a los colores del fuego, de la pasión, del calor y de la luz cegadora?

Tan difícil es ver cómo los amarillos, los naranjas y los rojos más vehementes son copados por un número de gente cada vez menor.

Al paso que vamos nos convertiremos en Van Goghes de pacotilla. 

Pasaremos por la vida con estallidos de furia frente al impresionante despliegue de propaganda del miedo que están ejerciendo sobre todos nosotros.

Claveles de Van Gogh, Museo Kröller-Müller
Quizás sería bueno relativizar lo que nos acontece durante un pequeño momento, respirar visualizando cosas rojas, que en China (nuestros futuros dueños al paso que vamos) es el color de la buena suerte y se usa en decoración potenciando un entorno positivo.

Tan sólo eso, recordar el rojo como un color antesala de lo  infrarrojo, de lo peligroso, de lo prohibido y de lo poderoso, de lo erótico y de la muerte...

¿Imaginaron alguna vez a un pobre vestido de rojo?

Seguro que no. El gris, el marrón y los verdes musgo son más propios de la pérdida de bienestar.

Reflexionen, pongan el rojo en su vida. Batallen contra las mentes del desencanto y la resignación.