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sábado, 13 de abril de 2013

OBSOLESCENCIA DESPROGRAMADA


Llega un día en que los aparatos electrónicos que poseemos deciden morir sin previo aviso y por la tremenda.

Generalmente sucede a los dos o tres años de vida en todos aquellos aparatos venidos al mundo en este siglo.

Tal acontecimiento se denomina OBSOLESCENCIA PROGRAMADA.

Obsolescencia.

1. f. Cualidad de obsolescente.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

obsoleto, ta.

(Del lat. obsolētus).

1. adj. Poco usado.

2. adj. Anticuado, inadecuado a las circunstancias actuales.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

En pocas semanas, coincidiendo con la llegada de la primavera y el cambio horario, el ordenador portátil familiar y uno de los teléfonos móviles han perecido en circunstancias muy parecidas.

El laptop funcionaba perfectamente, no contenía ni un 25% de memoria de almacenamiento completada y era tratado con afecto, limpieza y buen uso.

Su antivirus era diariamente actualizado, sus contenidos carecían de dudosa procedencia y su batería externa e interna eran bien mantenidas. 

No obstante, un día, al apretar el botón de encendido, no despertó. 

Sin más, sin aviso, después de haber sido apagado la noche anterior siguiendo todo el protocolo, el ordenador portátil decidió cumplir con su programada obsolescencia.

Como todos daréis por supuesto, llamamos al informático de cabecera. Hoy en día una figura familiar tan importante como el cura de pueblo o el médico de familia

Nuestro informático es una persona de confianza a todos los efectos que, amorosamente, coge en su seno el portátil, lo arropa y se lo lleva para ser investigado.

No te engaña y da por supuesto que la enfermedad que lo afecta es preocupante. Según él, esta vez, no va a poder aliviarse con una reconfiguración o un nuevo programa, sino que, por desgracia, tenemos que tomar conciencia de que la placa base o motherboard podría estar severamente afectada y moribunda.

Cuando el informático efectuó su chequeo, confirmó el diagnóstico previo y me conminó a buscar una nueva placa, hablar con el servicio técnico de la marca y, según los precios que me ofertaran, decidir reemplazar el elemento dañado o dar por finiquitado el aparato.

Mi cabeza no aceptaba que tenía que dar por muerto un aparato que todavía no había celebrado su tercer cumpleaños.

Que sólo por el hecho de haber perdido el contacto del botón de encendido con la dichosa placa base, ¿cómo era posible que no hubiera un arreglo, un punto de contacto reparable para que todo volviera a su ser?

¿Cómo querían que entendiera que un todo compuesto de múltiples enlaces y conexiones carezca de mecánicos especialistas que se atrevan a meter mano y enlazar lo que se hubiera desconectado?

Así estaba, a punto de descubrir que la dichosa motherboard es un elemento imprescindible, inseparable y muy más que trinitario unificador de todo aparato donde se encuentre instalado.

Es un dios, un demiurgo, el fundamento, la raíz y principio fundamental.

Cuando contacto y envío el ordenador portátil a su servicio técnico (donde supongo sus ingenieros de placas base van a ponerlo de nuevo en marcha), me informan de que la única solución viable es sustituir la pieza madre defectuosa previo pago de 250€, IVA incluido. 

Mi cabeza hace clic y se encuentra por fin con la sociedad tecnológica actual que se rige por el principio de obsolescencia programada inmutable y firme.

Por ese precio es mejor que me compre uno nuevo, con mejores prestaciones y el Windows8 recién salido al mercado. 
Imagen web modificada.

Abro los ojos a la aceptación de que la vida de los productos electrónicos es menor y está programada a la inversa de la definición que aparece en el avance de la 23ª edición de Diccionario de la R.A.E.: 

"Preparar ciertas máquinas o aparatos para que empiecen a funcionar en el momento y en la forma deseados"


Desengañada por la triste realidad, tenía que aceptar que los portátiles, los Ipad, los teléfonos, los mp3...vienen preparados para que DEJEN de funcionar en el momento y en la forma que la industria "perteneciente o relativa al electrón" considera oportuno. Esto es:

 el menor tiempo posible.


Al mismo tiempo que vivía la situación anterior, mi móvil fenecía por sordera sin haber cumplido los cuatro años.

De una llamada a otra, sin más, dejó de tener la capacidad de poder oír a quien me llamaba.

¿Arreglo?

No merece la pena. A la larga es más caro que comprarte otro multimedia. Deberías entrar ya en el mundo de los WhatsAp, Play Store, Internet, Twitter y Facebook todos juntos en tu bolsillo del vaquero.

 
 


Así que, aquí estaba, recién empezado el mes de abril, como si viviera en un país europeo de esos que celebran el día de las bromas pesadas el 1º de abril en lugar del 28 de diciembre. 

Me encontraba metida en una gran broma aceptada por todo el mundo, que iba contra el principio más básico del Ecologismo que practico (no generar basura, o al menos hacerlo en la menor medida y riesgo para el medio ambiente).

¿Debía claudicar y correr a comprarme otro laptop? ¿Tirar -aunque sea al contenedor de aparatos electrónicos- sin más un útil de trabajo impecable pero con el corazón más que partío?

¿Asumir un elevado coste en su reparación asegurada?

Mi contestación a estas diatribas fue sencilla: NO.

No a tirar sin más. No al olvido. No a la sustitución "porque yo lo puedo". 

Tenía que buscar una solución al problema, la menos costosa y la más lógica.

Tenía que llegar a alguien capaz de meter mano a un cadáver despreciado.
    

RESURRECCIÓN


Si se sabe tener una pizca de paciencia, la ajetreada vida que nos toca padecer quizás nos provea de un mago, hada madrina o meiga que se atreva a "meter mano" al aparato desahuciado.

Bajo el lema popular que reza "de perdidos, al río", ese manitas, "chapú" o "bricomaniático" abrirá el portátil o el teléfono móvil, rasca una parte de la especie de gelatina que aísla las placas base de los utensilios y se atreve a aplicar conocimientos mecánicos y eléctricos para que vuelva a ponerse en marcha el aparato.

En mi caso, un mecánico cogió mi portátil, levantó la sustancia en zona de la placa donde podía estar el cortocircuito, arregló y puso de nuevo en marcha el power estropeado.

Por no sé cuánto tiempo más y por mucho menos dinero del que me pedía el servicio técnico del producto, vuelvo a tener en marcha mi laptop.

He conseguido resucitar a un muerto prematuro. He combatido la OBSOLESCENCIA PROGRAMADA con hondas y, como David, he conseguido asestarle un certero golpe.

Desde aquí quiero animar a que se luche y se consiga DESPROGRAMAR este continuo tirar a la basura aparatos electrónicos que, cualquier día, van a sepultarnos física y mentalmente.