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jueves, 15 de enero de 2015

MARGARET MACKENZIE, una señorita de A. TROLLOPE



'Pero su estilo de vida se le aproxima tanto 
como la prosa puede estarlo a la poesía, 
o la verdad a la novela'

pagina 30 de la reciente publicación de la Editorial dÉpoca 'La señorita Mackenzie':





















(Incluye como obsequio marcapáginas y lámina réplica de la ilustración de cubierta)









Cuando Margaret Mackenzie, por fin, puede decidir qué vida quiere llevar ha cumplido 36 años y, no es que 'se le haya pasado el arroz', es que nunca ha tenido oportunidad de cocinarlo.

En la época victoriana, en Londres, sin fortuna y dedicada a cuidar de su aburrido y antisocial hermano, la Srta. Mackenzie sólo tiene un consuelo, la lectura.

Gracias a devorar paisajes y vidas ajenas consigue tener cierto placer que la ayuda a que los días monótonos puedan pasar sin acabar totalmente con ella.

De hecho, 'entraría en el mundo para tratar de encontrar los placeres que había leído en los libros' (pág. 53).

Asunto que no tarda en llevar a cabo en cuanto su hermano fallece y la deja como heredera de un buen capital.

Sin estridencias, informándose y decidiendo por sí sola, Margaret Mackenzie hace frente a los intereses de su otro hermano, casado y con varios hijos, que la acusa de haber influido para no ser heredero.

Ella intenta arreglar los malentendidos salvaguardando su recién adquirida independencia económica. 

Lucha sin enfrentamientos malsonantes contra todo aquel que se interponga en una idea que tiene mucho tiempo de cocción (toda su vida): irse a una ciudad donde encuentre vida social ociosa e interesante, donde pueda relacionarse con hombres y mujeres sin que ninguno le haga soportar aquello que ella no quiera.

Este magnífico personaje femenino creado por el escritor londinense Anthony Trollope, es todo un prototipo de la mujer decimonónica que sabe cómo, por qué y quién la domina e impone su criterio.

Me gusta ver cómo Margaret hace copia y guarda los originales de toda carta que cruza con abogados, pretendientes y familiares. Demuestra que una mujer siempre ha de ser cuidadosa y guardarse cartas en la manga más que mostrarlas.

Según va avanzando la lectura de este clásico te sorprendes enfadándote con Margaret, poniéndote agresivo con quienes pretenden burlarla y aprovecharse y suspiras al favor de sus intereses.

Pensar, ejecutar y no sufrir (o sufrir lo mínimo) parecen ser las máximas de esta mujer. La forma en que nos muestra cómo avanza hacia su desenlace nos hace sufrir si la juzgamos desde nuestro punto de vista actual, pero al final nos seduce por su silencio, sequedad y nula agresividad. Por su constancia y su personalidad inquebrantable.

Margaret Mackenzie es otra de esas heroínas victorianas que ya está en la colección de cualquier amante de los autores y personajes de este periodo, como, confieso, es mi caso.

Lo interesante tanto de Margaret como de su autor es ver de qué manera, sin romper ni salirse de la senda de las buenas costumbres y de su clase, consiguen que una mujer victoriana luche y gane, no ya la guerra (los avatares de su incierta fortuna lo harán imposible), pero sí las principales batallas que le van presentando las barreras sociales que se alzan contra una mujer (más si esta es pobre y no agraciada con una belleza que cubra cualquier carencia).

Ganar, como siempre puede afirmarse, se gana cuando la fortuna económica aparece. Nada es gratis en la sociedad de Margaret Mackenzie, pero tampoco en tiempos anteriores o en los presentes.

Una mujer sin medios económicos está condenada a no ser libre.

Decir lo contrario es desconocer (porque no se ha padecido) o no querer ver el problema que la dependencia económica supone para cualquier mujer en cualquier país pretérito o futuro.

Un mal que Trollope, sin ser un rupturista, señala y pone de relieve en todas las novelas que de él he leído.

'...no renuncie a nada. No deje que la ablanden. Cuando se trata de dinero nadie debería renunciar a nada...', le dice Mr. Rubb (un sinvergüenza) a Margaret Mackenzie (pág. 309).

No es un autor defensor a ultranza de las mujeres, las etiqueta desde todos los términos que él maneja, sobre todo hace una crítica feroz de las mujeres de los pastores anglicanos (pocas hay que se libren de su visión mordaz hacia ellas). 

Os recomiendo sus novelas de Barchester, publicadas en España por Espasa en 2008 bajo el título de 'Las torres de Barchester' para que veáis cómo etiqueta a las féminas

Para los vagos en lectura no tengo empacho en facilitaros el enlace a la serie de televisión que la BBC filmó en los años 80 con un Alan Rickman 'odioso'.


La editorial dÉpoca ha inaugurado con 'La Señorita Mackenzie' su Biblioteca Trollope y os aseguro que vais a engancharos a ella y estar pendientes de sus próximas publicaciones. La ironía y la buena literatura de Trollope os va a atrapar y hará que queráis más  y más de él.