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miércoles, 18 de marzo de 2015

DESAYUNO EN TAZA DE QUIJOTE. TAZAS 1


 
Esta mañana, al ir a elegir la taza para mi primer café, la radio me aturde con tumbas, restos óseos y ADN imposible.
 
Así que, lógicamente, al oír el nombre propio que suscitaba tales vocablos no he podido resistirme a elegir la del dibujo que Pablo Picasso creó para representar a Don Quijote.
 
Varias son las veces que he pasado por delante de la placa del convento de las Trinitarias Descalzas que recuerda que allí está enterrado Miguel de Cervantes Saavedra.
 
Desde que vivo en Cádiz, ir a Madrid es llegar en tren a la estación de Atocha, alojarme en algún hotel de sus cercanías e iniciar paseo por el Barrio de Las Letras madrileño (también conocido como de Los Literatos o de Las Musas).
 
Así pues, los recuerdos a Lope de Vega, Quevedo, Góngora o al propio Cervantes se suceden por estas calles.
 
 
Recuerdos, eso sí, en leves pinceladas de suave color que sólo un caminante avezado va encontrándose cuando mira a lo alto gracias a placas y nombres de calles. Placas que recuerdan la imprenta de Juan de la Cuesta de donde salió la edición príncipe de 'El Quijote', la Casa Museo de Lope de Vega donde vivió el escritor o ese convento-tumba donde las monjas trinitarias han alojado restos que ahora se pretenden adjudicar, entre otros, a Miguel de Cervantes y a su mujer.
 
Ojalá que la noticia con la que hoy se separan un poco de la Campaña electoral andaluza los medios periodísticos españoles, ese hallazgo de restos que, probablemente, quizás, acaso, puedan representar a nuestro más reconocido genio del Siglo de Oro, sirva para, como se dice ahora, poner en valor un barrio literario poco conocido como tal.
 
Si habláramos de la plaza Santa Ana o de la calle Huertas quizás sí consiguiéramos situar más a madrileños y visitantes. Ambas son centros de reunión social permanente, gracias a sus tascas y terrazas. Ambientes muy recomendable para hacer altos en el camino y para quedadas.
 
Ahora ese factor bullanguero de tapa y caña quieren que se conozca como el de 'la tumba de Cervantes' a efectos turísticos y culturales.
 
Voy a seguir la noticia de 'los Grissom españoles sin ADN' con toda la atención.
 
 
A ver cómo las autoridades madrileñas visten y hacen convivir a los santos literarios y a los santos del bebercio y el comercio que, por otra parte, tan bien lo están haciendo en estos momentos (el Barrio de Las Letras es zona agradable, no, agradabilísima para pasear por Madrid).