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miércoles, 19 de agosto de 2015

COLUMPIOS EN TINGLADO


¿Quién no se ha montado en un tiovivo de caballitos, cochecitos, de personajes de cuento o de Disney, de motos o de barcos?

Pero, sobre todo, ¿quién no se ha sentado en uno de los columpios de cadenas de una plataforma giratoria?

Ese modelo sencillo y pleno de alegría es el que me encontré el domingo en la Plaza de la Catedral de Cádiz durante la celebración del Mercado Andalusí.

La primera noticia e imagen que se tiene de un carrusel, caballitos, tiovivo o calesita (cualquiera de estos nombres es aceptable) data de hace 1500 años y aparece en un bajorrelieve del Imperio Bizantino que muestra artilugios de batallas militares.


Tal y como se disfrutó este pasado fin de semana en Cádiz proviene del siglo XVII. 

Luis XIV, en 1662, organizó un tinglado de este tipo en la Plaza del Carrusel (Place du Carrousel), entre el palacio del Louvre y el de las Tullerías, para disfrute de su corte.

La moda francesa se asentó y, por toda Europa, se propagó en los parques de las ciudades importantes el montaje de esta plataforma que giraba (con caballos de madera principalmente) con el fin de divertir a sus ciudadanos.

El domingo lo vi mientras lo utilizaba un grupo de niños.

Un montaje de madera con algo de metal, sin  maquinaria eléctrica que lo ayudase a moverse. Tan sólo el empuje del brazo del 'feriante andalusí' lo hacía girar. Un brazo que también enroscaba las cadenas de los columpios donde iban montados los niños. 

Doble regocijo.

Como en la tira de Mafalda, reivindiquemos los carruseles/caballitos/tiovivos/calesitas... para poder despegarnos momentáneamente de desagradables realidades: