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jueves, 2 de marzo de 2017

JUSTICIA CIEGA


A mí me gusta cada día más que la JUSTICIA tenga una venda tapándole los ojos en su representación visual.

Aunque la imagen proviene de una diosa egipcia, MAAT, que simbolizaba: la Verdad, la Justicia y la Armonía Cósmica, y no portaba venda alguna.

Posteriormente, pasando por el mundo heleno, DICE, llega al romano que le da la apariencia que hoy en día se reconoce universalmente, IUSTITIA.

Una mujer vestida con stola con una espada en una mano y la balanza en la otra.
Balanza y espada tienen que ver con interpretación de los códigos e imposición de condenas.


Lo de los ojos vendados no siempre la acompaña, pero a mí es el símbolo que más me gusta de cuantos se le asocian.

Es un añadido que algunos sitúan en el siglo XV y otros en la Revolución Francesa. Alude a la objetividad con que ha de impartirse la justicia.

Para mí esa venda tiene que ver con que la justicia ha de ser igual de injusta con todas las personas que se acercan a ella.

Tanto en el caso de los que finalmente son condenados, como en el de los que salen libres de cualquier condena porque se demuestra que fueron injustamente encausados, o porque no se apreciaron delitos tan graves como en principio se creía.

La venda ha de llevarnos a considerar hechos y no personas.

Ha de pedirnos ser igual de justos/injustos con quienes amamos o contra quienes odiamos.



La venda, igualmente, ha de servir para que podamos descorrerla en el caso de que el fuerte olor de la la sentencia llegue a revelarse tan PARCIAL, tan INACEPTABLE... tan INJUSTO.

Empezó ayer el mes de la primavera, de las nuevas oportunidades en el mundo de la naturaleza, pero todo el hedor de ciertas sentencias últimamente conocidas que afectan a personajes de rancio y regio abolengo, por una parte, y a políticos y administradores de sociedades públicas y/o privadas de alto copete y nula capacidad empática con sus administrados, hacen que los últimos aires del invierno estén atufando nuestro entendimiento y comprensión.

Se lo he oído decir en la radio a tertulianas de derecha y de izquierda, a hombres asombrados y desbordados por los tiempos políticamente correctos que vivimos, a ciudadanos de ambos sexos (y, me imagino, de todas las tendencias orgiásticas conocidas), a tiros, troyanos y espectadores de programas de telebasura, etc, etc, etc...

A todos ellos me sumo para gritar que no entiendo, que me avergüenzo y deploro cómo se ha dejado a la diosa Justicia con la venda sobre unos ojos desorbitados, a punto de salirse de sus órbitas, cuando a una señora educada con los mejores medios de que se dispone en este país sale INDEMNE, BENEFICIADA por 'no saber' de tropelías económicas ejercidas por su 'santo esposo'.

Es más, no creo que a nadie se le escape, al menos a mí me pesa una buena tonelada, que va a disfrutar de aquello que no sabía que sabía mientras nosotros, apestada masa viscosa, nunca alcanzaremos a husmear las bondades de la vida de aprovechamiento indecente de sus reales altezas.

¡Hasta los mismísimos higadillos me tiene la atribulada infanta de España!